«El Mensaje», segunda parte: lo que faltaba por decir

Después del primer video sobre “El Mensaje” de Eugene Peterson, me llegaron varios comentarios, y también algunos malentendidos que quiero aclarar. En esta segunda parte fui más a fondo, esta vez con otras fuentes reformadas. Lo que no dije Algunos entendieron que estaba atacando a Eugene Peterson como persona, o declarando algo sobre su salvación.…

Después del primer video sobre “El Mensaje” de Eugene Peterson, me llegaron varios comentarios, y también algunos malentendidos que quiero aclarar.

En esta segunda parte fui más a fondo, esta vez con otras fuentes reformadas.

Lo que no dije

Algunos entendieron que estaba atacando a Eugene Peterson como persona, o declarando algo sobre su salvación. No es así. Peterson fue pastor por muchos años y escribió libros que han ayudado a muchas personas. Mi preocupación no es su corazón, que solo Dios conoce, sino el texto que millones de personas leen creyendo que es la Biblia.

Tampoco dije que quien lee “El Mensaje” está en pecado o que no es cristiano. Lo que digo es que necesitamos saber qué estamos leyendo, y que para conocer lo que Dios realmente dijo necesitamos una traducción fiel.

Una Biblia hecha en una tarde

Eugene Peterson mismo contó que tradujo las Bienaventuranzas en una sola tarde, en su sótano, sin comité y sin revisión. Y se nota.

Compara eso con la forma en que normalmente se trabaja una traducción de la Biblia: equipos de especialistas en hebreo y griego, años de trabajo, revisiones cruzadas y comparación con los manuscritos. Ese proceso existe por una razón: cuando se trata de la Palabra de Dios, ninguna persona sola, por muy talentosa que sea, debería tener la última palabra sobre lo que dice el texto.

Las Bienaventuranzas (Mateo 5:3-12) son uno de los pasajes más conocidos de toda la Escritura. “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” Cada palabra tiene peso teológico: qué significa ser “bienaventurado”, qué es la pobreza de espíritu, qué es el reino. Cuando ese pasaje se reescribe en una tarde, algo se pierde en el camino.

¿Por qué importa tanto?

Porque la Escritura misma dice que no es un texto cualquiera:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.” (2 Timoteo 3:16)

Si cada palabra es inspirada, entonces las palabras importan. No solo “la idea general”. Jesús dijo que ni una jota ni una tilde pasaría de la ley (Mateo 5:18). Un Dios que cuida hasta la tilde merece que nosotros también cuidemos lo que decimos que Él dijo.

Cómo evaluar cualquier versión de la Biblia

Este tema no se limita a “El Mensaje”. Cada cierto tiempo aparecen nuevas versiones, paráfrasis y “Biblias” con enfoques especiales. Estas son algunas preguntas que me hago antes de confiar en una:

  • ¿Quién la tradujo? ¿Un comité de especialistas en los idiomas originales o una sola persona?
  • ¿De qué textos parte? ¿Se tradujo del hebreo y del griego, o de otra versión en inglés?
  • ¿Qué dice su propia introducción? Muchas versiones explican honestamente si son traducción o paráfrasis y para qué fueron pensadas.
  • ¿Qué pasa con los pasajes difíciles? Compara cómo trata textos sobre el pecado, el infierno, la cruz o la santidad. Ahí se nota si el texto se suavizó.
  • ¿Coincide con otras traducciones fieles? Si una sola versión dice algo que ninguna otra dice, esa es una señal de alerta.

Hacerse estas preguntas no es desconfiar de Dios. Es tomar en serio que Él habló, y que nos importa saber exactamente qué dijo.

Lo que te propongo

  • Si “El Mensaje” te ha acompañado en tu vida devocional, no tienes que sentirte culpable. Pero pon a su lado una Biblia fiel y compara.
  • Cuando algo te suene muy bonito, pregúntate: ¿eso es lo que dice el texto, o lo que me gustaría que dijera?
  • Enseña a tus hijos y a tu grupo con una traducción formal. Es la base sobre la que se construye todo lo demás.

No soy pastora ni predicadora. Soy comunicadora de formación, y por eso mismo sé cuánto puede cambiar un mensaje cuando se cambian las palabras. Mi único interés es que volvamos al texto, sin miedo a las preguntas incómodas.

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Lumbrera Media | Soli Deo Gloria

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