Oportunidades ordinarias | #ChristopherShaw 

 

 

 


«Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó». — Juan 13.2–4

 

Christopher Shaw

Creo que todos nosotros tenemos algo de heroico en nuestro ser. En situaciones de crisis o de extrema necesidad, salimos al frente y servimos a nuestro prójimo. Recuerdo una situación personal, en la cual tuve que salir con una fuerte tormenta a buscar un medicamento para una persona que lo necesitaba con urgencia. Tomando mi bicicleta, pedaleé unos kilómetros bajo la lluvia torrencial para adquirir el medicamento necesario. ¡Encontramos en este tipo de situaciones hasta ciertos matices románticos!

Nuestra vocación de siervos cambia, sin embargo, cuando estamos dentro de una escena netamente doméstica. Allí, nadie nos va a aplaudir, ni vamos a ser vitoreados por nuestros actos de servicio. Lo que hacemos simplemente forma parte del quehacer de todos los días. Es precisamente por la ausencia de alguna recompensa que nos cuesta tanto servir a los demás.

Cristo se levantó durante la cena. Seguramente todos los discípulos habían notado que nadie les había lavado los pies cuando llegaron a la casa. Quizás se sentirían sucios e incómodos con los pies llenos de polvo y sudor. El Hijo de Dios fue el único que hizo algo al respecto.

En nuestra cultura latinoamericana, ¡cuán importante es para nosotros el momento en que nos sentamos a comer! Una vez que nos acomodamos en la mesa, ninguno quiere levantarse para buscar la sal, o traer algún otro elemento que falte en la mesa. Preferimos comer sin sal, ¡que levantarnos a buscar el salero!

El hogar, no obstante, ofrece las mejores oportunidades para servir. Abundan a cada instante. Y no solamente esto, sino que también es el lugar donde más podemos aprender acerca de lo que significa ser un siervo. Dentro del ambiente del hogar nadie nos va a dar una medalla por servir a nuestra familia. Tendremos que aprender lo que es servir, en situaciones donde el agradecimiento de los demás está implícito, pues no se expresa. Deberemos escoger el servicio cuando francamente nos gustaría más descansar o estar haciendo algo diferente. Tendremos también que aprender a ver las necesidades de los demás, sin que se nos pida que sirvamos.

Los beneficios de servir en estas situaciones son innumerables, y nuestro crecimiento personal será marcado a medida que respondemos a estas oportunidades. En nuestra tarea de formar a otros, tendremos también que mostrar el camino a transitar con nuestro propio ejemplo. Seguramente muchos nos estarán observando en estas situaciones, que tan poco «espirituales» nos parecen. Las más increíbles lecciones, sin embargo, pueden ser enseñadas desde este lugar.

Para pensar:

«La medida de la grandeza de una persona no está en el número de personas que lo sirven, si no en el número de personas a quienes sirve». P. Moody.

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