Saliendo de la zona de confort | #ChristopherShaw


«Aquel mismo día el faraón dio esta orden a los cuadrilleros encargados de las labores del pueblo y a sus capataces: De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; que vayan ellos y recojan por sí mismos la paja. Les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada, pues están ociosos. Por eso claman diciendo: «Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios». — Éxodo 5.6–8

La respuesta del faraón al pedido de Moisés y Aarón no fue para nada alentadora. ¡Todo lo contrario! No solamente los expulsó del palacio, sino que también impuso una carga de trabajo absolutamente insoportable sobre los israelitas, quienes ya trabajaban en condiciones de gran dificultad. Ahora, debían producir la misma cantidad de ladrillos que antes, pero los egipcios ya no les proveerían la materia prima para hacerlo. Como era de prever, la reacción del pueblo hacia Moisés y Aarón se tradujo en un airado reproche. Las cosas ya habían estado mal antes de que llegaran estos dos para interceder por ellos. Ahora, sin embargo, estarían en una situación diez veces peor que la anterior. Frente a la condena unánime los dos líderes quedaron completamente aislados.

Quien estudia con cierto detenimiento la historia del pueblo de Israel durante este período, incluyendo su infortunado paso por el desierto, no puede dejar de observar las veces que los israelitas creyeron que hubieran estado mejor en Egipto. Frente a cada dificultad y obstáculo, la gente miraba para atrás y se acordaba de lo «bien» que habían estado en la tierra de su esclavitud.

Si tenemos en cuenta esta inclinación en ellos, podemos entender por qué el Señor permitió que la situación de los israelitas se deteriorara tan marcadamente luego de la intervención de Moisés y Aarón. Dios estaba preparando a su pueblo para el cambio.

Muchas veces estamos en situaciones muy negativas. Pero una tendencia arraigada en los seres humanos nos lleva a aceptar con resignación nuestras circunstancias. Un dicho popular lo resume todo: «Más vale malo conocido que bueno por conocer». Dejamos de luchar y soñar por algo mejor. Nos abandonamos a la vida. Renunciamos hasta a la esperanza del cambio, y bien sabemos que cuando se ha perdido la esperanza, se ha perdido todo.

¡Lo increíble es que aun cuando hemos perdido la esperanza, nuestro Dios sigue luchando por nosotros! Recae sobre Su persona el enorme desafío de movilizar a quienes ya no tienen interés en moverse, ni en salir de su situación. ¿Cómo lo logra, entonces? Interviniendo de tal manera que nuestras circunstancias se deterioren aún más, hasta que el grado de incomodidad se torne intolerable y comencemos a desear el cambio. A veces, ¡esta es la única manera de movilizar a los que se han hundido en el pozo de la resignación!

Para pensar:

Alguien ha observado que una «dificultad es, con frecuencia, una oportunidad no reconocida». ¿Cómo reacciona usted frente a las dificultades? ¿Qué cosas puede hacer para buscar en ellas las oportunidades que le traen? Propóngase crecer y avanzar en medio de las situaciones de crisis. ¡Bien puede ser que el que haya provocado la crisis sea Dios mismo!

 

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