Seis Evidencias de una Salvación Verdadera

Ps. Julio C. Ruiz

EVIDENCIAS DE UNA SALVACION VERDADERA (2 Corintios 5:17; 1 Juan 5: 13-21) | INTRODUCCIÓN:

La primera carta de Juan fue escrita para dar la creyente a la certeza de su salvación a través de evidencias irrefutables. En cinco capítulos Juan nos muestra quién es un autentico cristiano y sus notables características como alguien que ha nacido de Dios. Y es que la salvación de un creyente no se da por una decisión de levantar la mano o por una simple oración, sino que su énfasis radica en cómo vive después de su conversión. 2 Corintios 5:17 nos presenta la más contundente evidencia de la salvación porque transforma la vida humana en dos irreconciliables etapas. La evidencia más clara es que un creyente, contrario al que no lo es, no vuelve a la vida de donde salió. Si lo hace es como el perro que vuelve a su vomito, solo que el perro lo hace porque él no ha cambiado su naturaleza, mientras que el creyente ahora es poseedor de la naturaleza divina, y ella es contraria todo lo que antes vivía. La conversión verdadera es el resultado de la obra regeneradora del Espíritu Santo. Es la obra sobrenatural de Dios que viene a cambiar la mente y el corazón del hombre pecador. De modo que la salvación no solo es un cambio de opinión sino un cambio de corazón. La salvación de acuerdo a la profecía de Ezequiel 36:26 es que Dios quita nuestro corazón de piedra y pone un corazón de carne; un corazón vivo que puede responder a la voluntad de Dios. Así que alguien se convierte en una persona nueva. ¿Sabía usted que la obra en la salvación es mas grande que la creación? El mundo fue creado de la nada, pero la salvación es una obra más difícil porque Dios crea de una masa corrupta y el recrea un hombre nuevo. De esto hablaremos hoy. Conozcamos cuales son las evidencias más convincentes de nuestra costosa salvación. Tracemos el curso de ellas.

I. UNA EVIDENCIA CONVINCENTE DE LA SALVACIÓN ES QUE ANDAMOS EN LA LUZ COMO DIOS ESTÁ EN LUZ (1 Jn 1:5-7)

El texto nos dice que “Dios es luz” Cuando vemos esto en la Biblia lo que primero pensamos es en la santidad de Dios. Sin embargo, en esta carta esta definición tiene otro significado. Los gnosticos pensaban que Dios no era luz; que era oscuro, misterioso, esotérico; que por estas caracteristicas no se podía conocer, y que solo unos maestros aventajados podían hacerlo. Pero cuando Juan dice que “Dios es luz” significa que Él se ha revelado a nosotros y nos ha mostrado su carácter y su voluntad para que hagamos lo que Él quiere. Así que la advertencia es: “Si decimos que tenemos comunion con él, y andamos en tinieblas, mentimos…” Una persona que tiene comunión con Dios es creyente, si no tiene comunión con Dios no es creyente. ¿Por qué se dice esto? Porque no hay comunión entre la luz y las tinieblas. Las tinieblas pertenecen al diablo, la luz al Señor. No hay verdad en la confesión de una persona que se dice ser creyente y vive en tinieblas. La prueba más sensible que somos auténticos hijos de Dios es que estamos en plena sintonía con Él. Si esto no es una realidad, hay razones para dudar de la salvación. Si un creyente anda en la luz como estilo de vida, su carácter se va conformando al carácter de Dios y a su voluntad. Así que mentimos si no andamos de esta manera v. 6 Nuestros ojos fueron abiertos cuando creimos, ahora hemos visto la luz. Andemos, pues, como hijos de luz.

II. UNA EVIDENCIA CONVINCENTE DE MI SALVACIÓN ES QUE TENEMOS SENSIBILIDAD CON EL PECADO (1 Jn 1: 8-10

Los cristianos luchamos todos los días con tres grandes enemigos: el pecado, la carne y Satanás. De estos tres, la lucha contra el pecado es sin cuartel. Pero hay una diferencia en ese que lucha contra el pecado y el que vive con el pecado como un estilo de vida. Entiéndase bien, no es que no pueda pecar, pero cuando peca esta presto para confesar. Al cristiano verdadero el Espíritu Santo le va a convencer de su pecado porque para eso vino. El sabe que ha entristecido al Espíritu y va a sentir pesar en su corazón. Su vida se mueve entre la contrición y la confesión. Un auténtico creyente no tiene un corazón de piedra sino de carne. Él no se engaña así mismo sobre el pecado. Sabe que es propenso a caer en él, pues ha sido perdonado, vive con una naturaleza humana no redimida. También es mentiroso el que dice que no tiene pecado (1:8). El sentido de esto tiene que ver con la presencia del pecado en el cristiano y el potencial que tiene de pecar. Es una triste realidad que a veces el diablo usa nuestras experiencias espirituales más sobresalientes para engañarnos. Considere este ejemplo, un creyente que ha experimentado una comunión intima con nuestro Señor corre el riesgo de creer que es invencible. Se considera que no tiene nada de qué arrepentirse y por lo tanto se engaña así mismo. Todo creyente genuino considera la importancia de 1 Juan 1: 8. La oración de David debe ser la nuestra siempre (Sal. 139: 23, 24) ¿Qué resultado dará este examen?

III UNA EVIDENCIA CONVINCENTE DE NUESTRA SALVACIÓN ES QUE ANDAMOS COMO CRISTO ANDUVO (1 Jn. 2: 6)

Es posible que este texto produzca una frustración al momento de ser leído. Nos puede parecer demasiado exigente sobre todo cuando nos damos cuenta de nuestra débil naturaleza para enfrentar todos los días las demandas de la vida cristiana. Pero el texto no dice otra cosa. La meta en la vida cristiana no es caminar como otros caminan. No es como camina el artista de turno. No es como camina algún jugador del momento. No es como caminar los presentadores de televisión. Aún más, no es como camina algún hermano dentro de la iglesia. Es cierto que debemos imitar a esos hermanos cuyas vidas son una carta abierta. Pero el cristiano verdadero sabe que tiene un modelo sobre cuyas huellas debe poner las suyas todos los días. No se trata de caminar sobre el mar como el anduvo, sino caminar en la tierra como Él lo hizo. Cuando vienen las tentaciones. Imitándole cuando venció las tentaciones. Imitándole cuando hacía bien a todos los hombres y los amaba con compasion. Imitándole en su vida puesta en sacrificio por los demás. El asunto es que si eres un creyente verdadero vas a imitar al Señor. ¿Le parece esta una meta imposible? El secreto es “permanecer en Él” ¿Y cómo permanecemos en Él? Guardando sus mandamientos. Jesús dijo que cuando esto lo hacemos los resultados serán notorios (Jn. 15: 5,10).

IV. UNA EVIDENCIA CONVINCENTE DE LA SALVACIÓN ES QUE AMAMOS A NUESTROS HERMANOS (1 Jn 2: 9, 10)

Juan nos presenta esta otra señal como una de las más importantes al examinarnos para ver si estamos en la verdadera fe. El mandamiento de amarnos los unos en los otros es tan serio que Juan pone en su carta el ejemplo de Caín, quién no solo aborreció a su hermano Abel, sino que decidió quitarle la vida, constituyéndose esto en el primer crimen que se cometió poco después de un culto de adoración. Juan luego va a preguntarse: ¿Y por qué causa el mato?” Mire la respuesta: “Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Jn 3:12) La evidencia que alguien ama a otros cristianos se traduce en un gran deseo de querer estar con ellos. Siente un gran amor por ellos y les quiere servir siempre a través de obras de amor. Tome en cuenta esta prueba que se aplica a los jóvenes. Si el joven (o cualquier otro hermano) siempre quiere andar con amistades mundanas es porque él es un mundano, no es un convertido. Tome en cuenta otra prueba. Si usted dice ser un hijo de Dios y aborrece un hermano, hasta el punto de no hablarle, de ignorarle y hasta menospreciarle, usted no es un creyente. Usted tiene el mismo espíritu de Caín. Amados, el asunto de amar a los hermanos es tan serio como una evidencia que soy un cristiano verdadero que Jesucristo sentenció a los cabritos y a las ovejas en su discurso sobre su segunda venida, diciendo: “De cierto os digo que en cuanto a lo hiciste a uno de mis hermanos más pequeños, a mí lo hiciste “(Mt. 25: 34 – 40). Siempre hemos pensado que los presos son homicidas, ladrones, malhechores. Pero la verdad es otra. Jesús habla de los presos cristianos que están allí por causa del evangelio. Jesús ha dicho que si yo no tengo amor por mis “hermanos más pequeños” soy peor que un inconverso. De allí que la exhortación de Juan de amar al hermano es cosa seria (1 Jn 3: 14-17).

V. UNA EVIDENCIA CONVINCENTE DE LA SALVACIÓN ES QUE ABORRECEMOS AL MUNDO DE DONDE SALIMOS (1 Jn. 2:15)

Una de las cosas que debemos saber es que Dios no comparte su amor con nadie. Quiero decir que, o se le ama exclusivamente, o no se le ama. Observe bien el presente texto: “Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no esta en él”. ¿Por qué el Padre celestial es tan severo en esto? Bueno, el versículo 16 nos de la respuesta: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Lo anterior expuesto nos confronta sobre nuestra verdadera identidad cristiana. Fue Jesús quien dijo: “Nadie puede servir a dos señores … “(Mt. 6:24). La situación acá es simple. El presente mundo comandado por Satanás se opone a Dios por su corrupción y el creyente fue llamado a santificación no a inmundicia. Si una persona se ha convertido de verdad, poco a poco se va transformando; hay un progreso en él que se llama santificación. En su regeneración él fue justificado, pero ahora en el presente va camino a su santificacion. Es verdad que no es fácil, pero luchamos todos los días. Algunas veces damos tres pasos adelante y otros veces dos pasos hacía atrás, pero poco a poco se va a notar victoria sobre el pecado en su vida. Así que una evidencia que una persona está siendo santificada es que cada día aborrece al mundo y su amor por el Padre va en crecimiento. Santiago no pudo expresarlo mejor cuando dijo: “¡Oh almas adulteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios (Stg. 4: 4). ¿Es usted amigo o enemigo de Dios? Nunca tenga usted a Dios por enemigo porque lo demás será su amigo.

VI. UNA EVIDENCIA CONVICENTE DE LA SALVACIÓN ES QUE NO PRACTICAMOS EL PECADO COMO NORMA(ESTILO) DE VIDA (1 Jn. 3: 8, 9) Este es otro texto muy ilustrativo sobre las evidencias de la salvación. Un asunto es tener una caída en el pecado y otra muy distinta es practicarlo como algo natural en la vida. Juan, como lo hace en toda su carta, no vacila en decir que el que tal hace es del diablo; porque el único que peca desde el principio, desde que estuvo en el cielo, es el diablo. Cuando se convirtió en Satanás no ha habido un instante que no haya pecado. Quien se dice ser cristiano y practica el pecado, se engaña así mismo. Quien eso hace sabe que su padre no es Dios si no el diablo. Esta persona no ha pasado la experiencia de 2 Corintios 5:17. No tiene un antes y un después en su vida. Simplemente ha sido el mismo porque no ha cambiado. En cambio, el creyente no practica el pecado como costumbreporque no es su naturaleza pecar. Contrario a esto, él practica las cosas que reflejan el carácter de Dios, porque es nacido de Dios (3: 9). Su padre no es el diablo sino Dios. El énfasis de Juan es que el cristiano no es un pecador por deliberación propia, sino que se va alejando más del pecado. Creo que las palabras “no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él” es la clave. La raíz de evangelio sembrada en su corazón impide que el pecado eche otra vez raíz en él, pues el poder que esto plantea ahogará pronto al pecado como para ser algo normal en su vida

CONCLUSIÓN: El ejemplo del mago Simón nos ilustra la diferencia entre un cristiano real y uno que no lo es. Él se había “convertido” y hasta se había bautizado por Felipe. Pero después de que quiso comercializar con el poder de Dios, fue reprendido por Pedro con estas palabras: “No tienes tu parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios” (Hch 8:21). El “creer” y ser bautizado no es suficiente evidencia de ser un cristiano. Un texto del Antiguo Testamento fue muy oportuno para aplicar lo que hemos querido decir en este recorrido sobre las evidencias de una salvación verdadera. Así nos dice Jeremías 32: 38-40: “Y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios. Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí”. Un auténtico creyente tiene un corazón y un camino de parte de Dios y en ambos Dios ha puesto su temor perpetúo. ¿Existe ese verdadero temor en su corazón?

Jerusalén Baptist Church

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