El amor en acción | #JohnMacArthur 


     Cuando llegué a Grace Community Church por primera vez, quería amar a todos sus miembros, pero no se me ocurría como generar los sentimientos necesarios. Algunas personas eran bastante irritantes, y otras incluso me ponían las cosas difíciles a propósito. Quería amarlos, pero no sabía cómo hacerlo. Cierto día me dirigí a un hombre que era especialmente problematico, le pasé el brazo por el hombro y le dije: “Quiero que sepa una cosa: si hay algo en lo que pueda servirle alguna vez, me encantaría tener la oportunidad de hacerlo”. Y esa ocasión se presentó. Mi actitud hacia él no cambió porque se modificaran mis sentimientos, sino porque aprendí a amar mediante el servicio. 

     Amar a otros no es cuestión de darles palmaditas en la espalda y decirles: “Eres estupendo. ¡Te amo!”. Demostramos nuestro amor haciendo sacrificios personales para suplir las necesidades de los demás. A veces me preguntan cómo puedo ministrar a los individuos en una iglesia tan grande. Desde luego no es corriendo detrás de cada uno y expresándole mi amor, sino llevando a cabo determinados sacrificios en mi vida personal a fin de ayudarles a crecer espiritualmente. Me son lo suficientemente importantes como para hacer lo que sea necesario con el fin de conformarlos a la el imagen de Jesucristo.

     ¿Cual es la mejor manera de saber que Dios nos ama? ¿Acaso lo ha gritado Él desde los cielos o lo ha escrito en las nubes? No. Reconocemos el amor de Dios en que Jesucristo dio su vida por nosotros. Dios entregó a su Hijo en una cruz por nuestra causa. Así es como Èl ha expresado su amor: por medio del sacrificio. Puesto que Cristo “puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16). El precio no es siempre la muerte; a veces el amor requiere que sacrifiquemos nuestras posesiones, nuestro tiempo u otras cosas. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿como mora el amor de Dios en él? (1 Jn. 3:17). Si vemos a alguien en apuros, debemos satisfacer esa necesidad en la medida de nuestras posibilidades, o demostraremos un amor insuficiente.

     Alguno exclamará: “Bueno, antes de poder amar a otros debemos amarnos a nosotros mismos. Después de todo, en Santiago 2:8, la biblia dice que hemos de amar a los demás como nosotros mismos”.

     Es muy común pensar eso, pero no es lo que enseña Santiago 2:8. Los psicólogos han hecho un gran negocio con la interpretación errónea de este versículo. Dicen que debemos tener una autoimagen adecuada, y que si alguien no posee un concepto elevado de sí mismo jamás será capaz de amar a otros personas como es debido. Ese es un gran malentendido que procede de una idea sentimental del amor. Cuando la Biblia habla de amor se está refiriendo algo totalmente distinto.

     ¿Qué significa amar a otros como a nosotros mismos? Considere Santiago 2:1: “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas”. Y el pasaje pone luego el ejemplo de un hombre rico y otro pobre que visitan una iglesia donde se les trata de maneras distintas. Lo que Santiago está diciendo es que los cristianos no debemos mostrar respeto a cierta clase de personas al tiempo que somos indiferentes para con otras. Más bien, debemos cumplir la ley divina y tratar a todo el mundo como nos trataríamos a nosotros mismos. Esto significa que cualesquiera sacrificios que hagamos en nuestro propio beneficio, deberíamos también hacerlos por otras personas sin tener en cuenta su posición social. El asunto no tiene que ver con nuestro yo psicológico, sino con nuestro servicio los demás.

     Deténgase un momento y piense, por ejemplo, en todo el empeño que ponemos en conseguir nuestro propio bienestar. Así deberíamos también intentar satisfacer las necesidades de los demás. Deberíamos considerar los deseos de otras personas como consideramos los nuestros. Deberiamos amar a los demás mediante un servicio sacrificial, del mismo modo que hacemos sacrificios en nuestro propio provecho. ¿Está usted dispuesto a ello? ¿Tiene la disposición a renunciar a cualquier cosa que le proporcione bienestar para el provecho de otro? ¿Está listo para sacrificar aquello que le gusta a fin de suplir las necesidades de alguien? Eso es amar al prójimo como a sí mismo. No se trata de algo psicológico, sino sacrificial.

John MacArthur

LLaves del Crecimiento Espiritual 

Adquiérelo aquí: Amazon

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s