Los cuatro usos de «apóstol» en el Nuevo Testamento 

  
Los cuatro usos de «apóstol» en el Nuevo Testamento 

Michael J. Wilkins

El mensaje y el estilo de vida de los apóstoles: 
Los apostoles del NT vivieron durante lo que podría considerarse la época más trascendental de la historia de la humanidad. Experimentaron la entrada de Dios en la historia a través de Jesús el Mesías, quien cambiaría para siempre sus vidas. Su transformación los llevó por todo el mundo conocido entonces con el mensaje de lo que habian experimentado: el advenimiento del reino de Dios y la salvación en el nombre de Jesús. 

   El significado del término apóstol difiere considerablemente del de la palabra discípulo. «Discípulo» se utiliza para designar a todos aquellos que han creído en Jesús y lo siguen como su Salvador. El título «apóstol» designa a los que han recibido el encargo de ser líderes de la Iglesia y repre- sentantes de Jesús con el mensaje del evangelio. Del gran grupo de Sus discípulos, Jesús escogió a los doce para enviarlos como Sus apóstoles (Lc. 6:13-16).

  Por lo tanto, el sustantivo <<apóstol>>, que viene del verbo apostello, que significa «enviar a alguien a conseguir un objetivo», sirve para referirse a un «enviado» o «mensajero». En el NT, se usa al menos de cuatro formas. 

Los cuatro usos de «apóstol» en el Nuevo Testamento 

En primer lugar, el término se utiliza de manera especial para referirse a los «doce apóstoles» que fueron testigos oculares del ministerio terrenal de Jesús. Estos fueron enviados primeramente a Israel con el mensaje del evangelio del advenimiento del reino de Dios (Mt. 10:1-7) y, tras la muerte y resurrección de Jesús, fueron enviados con el mensaje del evangelio a hacer discípulos a todas las naciones (Mt. 28:18-20). También fueron testigos de las apariciones del Jesús resucitado que, según nos relata Lucas, sirvieron para demostrar la realidad de la victoria de Jesús sobre la muerte y la certidumbre del reino de Dios en esta era (Hch. 1:2-3). Estuvieron entre los primeros en recibir la llenura del Espíritu en Pentecostés (Hch. 2:1-4), y su predicación del evangelio los constituyó en el fundamento de la Iglesia (Ef. 2:20). Después de que Judas Iscariote traicionó a Jesús y se suicidó, fue añadido a los once otro testigo ocular del ministerio terrenal y la resurrección de Jesús: Matias (Hch. 1:21-26). 
 

En segundo lugar, el término «apóstol» se refiere también a aquellos que vieron a Jesús resucitado y fueron comisionados por Él para el ministerio (comp. 1 Co. 9:1). En este sentido, Pablo se identifica como «apóstol de Jesucristo» (1 Co. 1:1; 2 Co. 1:1; Col. 1:1). A pesar de no ser uno de los doce (por ej., 2 Co. 15:3-11; Gá. 1:17-19), Jesús le concedió un apostolado excepcional a los gentiles (Ga 2:8-9).

   En tercer lugar, el término «apóstol» puede tener el sentido más general de «misionero». Este fue el caso de Bernabé (Hch. 14:4,14), quizás de Timoteo y Silvano (comp. 1 Ts. 1:1; 2:7), y de Andrónico y Junias (Ro. 16:7). En este último caso, pudo tratarse de un equipo formado por marido y mujer, comisionado por Pablo para extender el evangelio junto con los demás apóstoles. 

   En cuarto lugar, el término «apóstol» se refiere a veces en forma más general a «mensajeros de las iglesias» enviados a realizar tareas especificas (2 Co. 8:23). Esto incluye, entre otros, a Epafrodito, que fue enviado como mensajero por la iglesia de Filipos para ministrar a Pablo (Fil. 2:25-30). 

   Estos tipos diferentes de apóstoles ejercieron distintos papeles, pero tuvieron en común el encuentro con Jesús durante su ministerio terrenal, o luego de Su resurrección y tras la ascensión, o fueron directamente comisionados por alguien que había cumplido con dichas calificaciones. La transformación que experimentaron al comprender la identidad de Jesús como Dios hecho carne que ofrece salvación al mundo se convirtió en el fundamento de su mensaje. Pablo y los doce fueron claros ejemplos de esto.

Diversidad y unidad entre los apóstoles
Los doce apóstoles tenían personalidades sumamente diferentes. Por ejemplo, Pedro, Andrés, Jacobo y Juan eran socios en un floreciente negocio de pesca en el Mar de Galilea (Mr. 1:16-20; Lc. 5:9-11) Mateo era un odiado recaudador de impuestos (Mt. 9:9-13), considerado traidor por trabajar para el gobierno de ocupación romano y recaudar de su propio pueblo tantos impuestos como fuese posible. Simón el Zelote era un revolucionario dispuesto a morir para conseguir liberar a Israel del yugo de Roma. En circunstancias normales, estos hombres habrian sido enemigos mortales, pero sus encuentros personales con Jesús los transformaron en un conjunto cohesionado y dedicado a proclamar que el Señor era el único camino a la vida eterna (comp. Jn. 6:67-69).  
   La predicación de Pedro en Pentecostés representa un claro ejemplo de su drástica transformación: de ser alguien que había negado a Jesús pasó a predicar sin miedo en Jerusalén ante las multitudes. Su mensaje era claro: «… Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo. […] Sed salvos de esta perversa generación» (Hch. 2:38,40). Durante mas de 30 años, Pedro atravesó el mundo antiguo proclamando el mismo mensaje, hasta ser finalmente ejecutado por el gobierno romano. Pero Roma no pudo silenciar el mensaje, ya que la Iglesia continuó proclamando el evangelio sin miedo, a pesar de la persecución. 

   El apóstol Pablo había sido fariseo (Fil. 3:4-6). Dicho grupo era bien conocido por su oposición a Jesús (Mt. 12:14), y el propio Pablo persiguió activamente a la Iglesia como tal (Hch. 22:3-4). Pero tras su encuentro con el Jesús resucitado en el camino a Damasco, pasó radicalmente de ser un enemigo a ser alguien que dedicaría el resto de su vida a servir a Jesús. El propio testimonio de Pablo sobre qué produjo esa transformación se encuentra en su carta a Tito. En ella, nos habla de su vida anterior de insensatez, malicia, envidia y odio (Tito. 3:3), pero luego afirma: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna». (‭Tito‬ ‭3‬:‭4-7‬).     

   Los apóstoles no parecían ser el grupo más adecuado para que Jesús los utilizara con el fin de establecer Su Iglesia y proclamar su mensaje de salvación y transformación. Sin embargo, su poder no fue el resultado del carisma personal o la predicación poderosa ni la ambición de crear un movimiento. Más bien, la obra del Espíritu en ellos produjo su transformación a imagen de Jesús y los impulsó a proclamar por todo el mundo el glorioso mensaje del Señor: la salvación y la esperanza de cambio.

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