Robert W. Reed: La Mortificación del Pecado

<<Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis>>. Romanos 8:13

+ La Mortificación del Pecado +

La doctrina de la mortificación se enseña claramente para el creyente en el Nuevo Testamento. La mortificación del pecado en la vida del creyente es un deber. Esta doctrina bíblica nos enseña el “porqué” y el “cómo” podemos mortificar el pecado. Muchas personas hoy en día justifican el pecado, hacen excusas cuando pecan, y hacen chistes acerca del pecado para escaparse de la realidad del pecado. El cristiano está llamado a hacer morir las obras de la carne. Esta debe ser la ocupación del hijo de Dios. Como ha dicho un autor
claramente, <<debemos estar matando el pecado sino, el pecado nos
matará a nosotros>> <<Los creyentes que escogen, los que han sido asegurados de estar libres de la condenación del poder del pecado, deben ocuparse todos los días de sus vidas de mortificar el poder del pecado que mora dentro de ellos.>>
– John Owen

Este artículo considerará tres áreas de la mortificación del pecado:
El Significado, El Motivo, y El Método. Que Dios nos ayude a entender este
tema tan importante.

EL SIGNIFICADO DE LA MORTIFICACIÓN

La palabra mortificar es usada en Colosenses 3:5 y básicamente
significa “poner a muerte” – “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros:
fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que
es idolatría.” Esta palabra conlleva la idea de crucificar, destruir, someter, ó
poner algo bajo sujeción. El pecado es nuestro enemigo, por tanto, como
creyentes, hemos sido llamados a aniquilarlo, detenerlo; eso es, ponerle un
alto de frente. Debemos de luchar contra el pecado y no darle ningún lugar
en nuestra vida. El pecado no debe regir ni Señorear la vida del cristiano.
Por tanto, tenemos el deber de lidiar con el pecado. En los primeros dos
capítulos de la carta a los Colosenses encontramos la doctrina fundamental
que da referencia a nuestra posición en Cristo como santos de Dios.
Empezando en el capítulo 3, está el aspecto práctico de nuestra salvación.
Es importante saber esto porque muchos tratan de construir una vida sin
fundamento. El texto está hablándole a los cristianos y en el versículo 5,
Dios nos manda a hacer morir lo terrenal que está en nosotros, y luego sigue
una lista de pecados. En Colosenses 3:8-14, se nos dice que debemos dejar ciertos hábitos pecaminosos y practicar ciertos hábitos como escogidos y santos de Dios. Por un lado tenemos lo negativo, eso es, la eliminación de lo malo, y
por el otro lado lo positivo, la cultivación de lo bueno. El viejo hombre (con
sus obras) es contrastado con el nuevo hombre, quien fue creado en la
imagen de Dios. Otra vez, les menciono, que el deber de todo creyente es de
mortificar (hacer morir) el pecado en su vida.

EL MOTIVO DE LA MORTIFICACIÓN

El motivo de la mortificación es la regeneración. Eso es, hemos entrado en un estado de salvación cuando nos convertimos. Hemos sido salvos no solamente del juicio eterno, pero hemos sido salvos de nuestros pecados (Tito 2:14). De acuerdo a Gálatas 5:24, los cristianos han crucificado la carne, <<Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos>>. Esto ocurrió al momento de la conversión y está ocurriendo constantemente en la vida de cada creyente que se ha arrepentido y ha renunciado a la vida del pecado. La carne ha sido crucificado, en el sentido de que la carne ya no rige sobre nosotros ni nos mantienen esclavizados. El cristiano ya no es dominado por la vieja naturaleza. El contexto (versículos 16-23) nos da una lista de obras de la
carne que caracterizan a la persona no regenerada, y también, una lista de
los frutos del Espíritu que caracterizan a la persona regenerada. En Efesios
4:17-32, encontramos una comparación entre el creyente y el no creyente.
Otra vez encontramos que al creyente se le manda a quitarse las obras del
viejo hombre y ponerse al nuevo hombre. En Romanos 13:14, se nos dice
que debemos vestirnos del Señor Jesucristo y no hacer provisión para los
deseos de la carne. El contexto (vs. 8-14) está hablándole a los cristianos
para que mortifiquen el pecado de sus vidas. Esta mortificación también lo
encontramos en Romanos capitulo 6. El comienzo del capítulo (vs. 1-10)
habla de nuestra posición en Cristo, la cual nos enseña que estamos muertos
al pecado por medio de la obra completada de Cristo sobre la cruz del
Calvario. En el verso 6, nuestro viejo hombre está crucificado con Cristo
para que el cuerpo del pecado sea destruido, y en el verso 7, se nos dice que
estamos libres del pecado. En el verso 11, debemos considerarnos muertos
al pecado, y en el verso 12, se nos dice que no debemos hacer que el pecado
reine sobre nuestro cuerpo mortal. Lo que resta del capítulo (vs. 13-23)
compara nuestra antigua forma de vivir antes de la conversión a la vida
cristiana. Nuestra vida cristiana se distingue por la obediencia a Dios por el
poder de la gracia de Dios.

EL MÉTODO PARA LA MORTIFICACIÓN

De acuerdo a Romanos 8:13, el método para la mortificación es a través del Espíritu, <<porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis>>. Es importante que entendamos que la mortificación del pecado solo podrá ocurrir a través del Espíritu Santo. Tratar de mortificar la carne por medio de tu carne solo traerá frustración, auto-justificación, y legalismo. Hay tantas llamadas “ayudas propias” en el mundo secular y también en los círculos evangélicos. Pero ninguno de estas cosas trata con la raíz ó el corazón del problema. Oímos muchas exageraciones hoy en día que dicen <<tú puedes ser lo que quieras ser>> – <<Entrégale a Dios lo que te ata>>. Sin embargo, Dios dice que es a través del Espíritu que vivimos para Él. Hay muchos libros, CD’s, etc. que se están vendiendo para enseñar cómo vivir una vida plena, pero Dios dice que esa vida plena se vive a través del Espíritu. Muchas personas van de conferencia a conferencia para encontrar las respuestas, pero Dios dice que la mortificación es solo por el Espíritu Santo. Romanos capitulo 8 es un gran capítulo, y es el clímax del libro, porque empieza diciéndonos que no hay condenación y termina diciéndonos que no hay separación. Y en el medio nos dice que para el creyente todas las cosas les ayudan para un bien para aquellos que aman a Dios y son llamados conforme a sus propósitos (v. 28). Un gran énfasis es puesto sobre el Espíritu de Dios en este capítulo (vs. 1, 2 , 4, 5, 6, 9, 11, 13, 14, 15, 16, 23 y 26). El Espíritu es mencionado en el verso 13 por Su presencia y Su obra en la vida del creyente, y porque es la marca de distinción en la vida del verdadero cristiano. Debemos ejercitar este poder que está dentro de nosotros, porque es la forma en que Dios le da victoria al creyente. En el verso 11, es el Espíritu que vivifica a nuestros cuerpos mortales, y es el mismo Espíritu que levantó a Jesús de los muertos. Es el Espíritu quien nos quía (v. 14) y es el mismo Espíritu que nos da testimonio que somos hijos de Dios (v.16). La mortificación empieza con el evangelio, purificando nuestros corazones por medio de la fe (Hechos15:9). Es el amor de Cristo que nos constriñe (2 Corintios 5:14). Es el Espíritu de Dios que le dio a la iglesia primitiva la victoria sobre abrumadora al empezar a desarrollar la gran comisión. (Hechos 1:4-5, 8;2:1-18). Un autor dice así, <<Solo el Espíritu trae la cruz de Cristo ennuestros corazones con el poder para aniquilar el poder del pecado>>.

CONCLUSIÓN

La mortificación es un deber diario que continuará a través de la vida del Creyente. Entre tanto que vivamos en estos cuerpos pecaminosos, tendremos una guerra espiritual. Debemos batallar en contra de nuestra carne a través del Espíritu. <<Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo>> (1 Juan 4:4). Nuestra fuerza y poder están en el Señor (Efesios 6:10; Zacarías 4:6; 2 Corintios 12:9). Dios no solamente nos ha salvado, pero también nos ha dado el poder para ser victoriosos y vencer el pecado. El creyente realmente es un vencedor en Cristo Jesús, I Juan 5:4-5, <<Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.  ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?>>

<<El pecado se opone contra cada acto de santidad y sobre todo grado de crecimiento. El que cree que ha hecho algún progreso de santidad en su vida, primero debe caminar sobre el vientre de la lujuria>> – John Owen

<< Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;>> Colosenses 3:5

Autor: Robert W. Reed

4 comments

  1. EL PECADO NOS CONTAMINA Y NO PERMITE FLUIR LA SANTIDAD EN NUESTRAS VIDAS, 2 CORINTIOS 7: 1 DEBEMOS LIMPIARNOS DE TODA CONTAMINACIÓN DE LA CARNE Y DEL ESPIRÍTU, PERFECCIONANDO LA SANTIDAD EN EL TEMOR DEL DIOS. AQUI ES DONDE EL CREYENTE DEBE PEDIR SABIDURIA PARA ELIMINAR TODA CONTAMINACIÓN DE SU VIDA. VER CONTEXTO EN 2 CORINTIOS 6:14 AL 18.

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