Steve Gallagher: La Cauterización de la Conciencia

Cuando la gente habla acerca de alguien con la conciencia cauterizada mucha gente piensa en criminales endurecidos y en hombres con el engaño a flor de piel.  A pesar de eso, yo creo que muchos en la iglesia de hoy en día también están en un peligro real de pasar por este fenómeno espiritual.

El apóstol Pablo tenía un claro entendimiento de los efectos dañinos del pecado en el corazón humano.  El hablaba profundamente de aquellos que estaban “cauterizados en su propia conciencia como si hubieran sido marcados con un hierro” (1 Timoteo 4:2), y aquellos que “debido a la dureza de su corazón se han convertido en callosidad” (Efesios 4:18-19).  Ambas metáforas – la conciencia cauterizada y el corazón endurecido y con callosidad – describen la misma condición.

¿Qué es la conciencia humana? De acuerdo al diccionario Vine´s, la palabra griega para conciencia (suneidesis) literalmente significa poseer “conocimiento paralelo” de algo que resulta en “un sentimiento de culpabilidad de alguien ante Dios”.  Esto quiere decir que fuimos creados con una facultad única e intrínseca que nos da una especie de perspectiva de tercera persona acerca de lo correcto o incorrecto de nuestras acciones.

De acuerdo a A. W. Tozer, la base de la conciencia humana es “el secreto de la presencia de Cristo en el mundo”.  Para apoyar sus conclusiones señala a Juan 1:9, “He allí estaba la verdadera Luz, la cual, al venir al mundo, ilumina a cada hombre”. Esta conciencia moral interna es simplemente “la voz interna secreta” del Señor “acusándole o excusándole”.  Tozer podría estar en lo correcto.

En el campo físico, la conciencia es comparable al sistema nervioso humano.  Cuando una persona es herida, siente dolor – la forma inherente del cuerpo de alertarlo de que algo no esta bien. De manera similar, cuando una persona peca, el alma humana tiene un sistema que suena como una alarma porque las acciones de la persona la han herido espiritualmente.  Esta alarma del alma suena como una trompeta  que dice “¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Algo anda mal!”  El alma siente que sus acciones no solo están mal sino que también resultan en consecuencias destructivas.

Una persona con una conciencia tierna esta agudamente consiente de cada infracción contra el Señor.  Esa persona reconoce el pecado por lo feo que es.  Actos inmorales, aunque aparentemente insignificante para otros, son vistos por esta persona como crímenes monstruosos contra un santo Dios.  Su importancia, mientras no se exagere, es internamente magnificada de tal manera que su verdadera e insidiosa naturaleza pueda ser claramente identificada.

La persona con un corazón blando también permanece consistentemente abierta a la convicción del Espíritu Santo.  No esta buscando tocar los límites del pecado – para ver cuan lejos puede llegar – pero lo evita hasta donde puede.  Para él, el pecado es un veneno que debe ser erradicado a toda costa.  La oración de David expresa la actitud no visible de tal persona: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos;  y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” (Salmo 139:23-24).

La mayor parte de la gente que ha experimentado una verdadera conversión comienza su nueva vida con esta clase de sensibilidad espiritual.  Los “ojos de su corazón” han sido abiertos a las maravillas de Jesucristo y Su reino.  La inquietud acerca de poder hacer algo contra su salvador puede verdaderamente guiarlos hacia su pastor con respecto a cosas que pueden parecer ridículas para santos un poco más sazonados.

Desafortunadamente, solamente es cosa de tiempo antes de que el primer amor por Jesús se transforme en una cosa religiosa.  A medida que los nuevos convertidos comienzan a “aprender lo básico” del cristianismo, un leve endurecimiento del corazón comienza a llevarse a cabo.  El profundo sentimiento de inutilidad que una vez creara una humilde dependencia del Señor es gradualmente reemplazado con orgullo espiritual.  La fe brillante e inocente es sutilmente suplantada por cinismo.  Eventualmente, las atracciones del mundo vuelven a tomar su brillo carnal, los antiguos ídolos se vuelven a levantar dentro del corazón, y los pecados otrora abandonados comienzan a resurgir.

La Biblia describe este proceso como el “alejarse de” una “buena conciencia” (1 Tim. 1:5-6) y la corrupción de la conciencia (Tito 1:15).  Ambas describen el mismo proceso de decaimiento de la moral interior que ocurre cuando una persona permite que el pecado se re establezca a si mismo dentro de su corazón.  Si la persona continúa por este camino, pronto va a perder el sentido de la naturaleza malvada del pecado.  Una perfecta ilustración de esta verdad es la manera en que un no fumador puede llegar a acostumbrarse al mas humeante de los salones – media vez que haya tomado el hábito del cigarro.  Los pulmones limpios detectan cada olorcito de contaminación; los pulmones sucios ya han perdido esa capacidad.

La persona que habitualmente se rinde al pecado pierde la habilidad de sentir el “miedo” espiritual a pecar.  ¿Qué le sucede a las personas que pierden este sentido? Consideremos a los leprosos que experimentan físicamente algo similar.  Al haber perdido la sensibilidad en sus extremidades, muy a menudo sufren heridas y pueden hasta llegar a morir ya que no están consientes de la herida en sus cuerpos.  En el ámbito espiritual, esta es una imagen del endurecimiento que se lleva a cabo dentro de una persona que permanece en pecado sin arrepentimiento.  A medida que su corazón se llena de callosidades, el sistema espiritual que Dios construyó dentro de él, paulatinamente pierde su habilidad de detectar el daño que se esta haciendo.  No es extraño que hombres cristianos en pecado de hábito sexual puedan sentarse en la iglesia semana tras semana, cantando alabanzas de adoración para un Dios al que desafían constantemente.  “Endurecidos por el engaño del pecado”, (Hebreos 3:13) todo su ser esta siendo acribillado con la lepra de maldad, la cual ya no pueden detectar!

En tales casos, a medida que sus conciencias pasan por ese proceso de cauterización constante, estos hombres son gradualmente desensibilizados en cuanto a la culpa de pecado.  Si se deja desatendido, este proceso eventualmente lleva a una muerte de la conciencia.  Como dijo un escritor, “tales hombres tenían que haber ganado la mas desastrosa de las victorias – la victoria sobre la conciencia”.ii

¿Qué significa tener una conciencia cauterizada? Para responder esa pregunta, consulté con escritos de hombres de Dios de antaño.  Adam Clarke lo describe de esta manera: “una conciencia cauterizada por las repetidas aplicaciones de pecado y resistencia al Espíritu Santo…”iii  El diccionario Bíblico Fausett lo explica como “…una determinación endurecida para resistir cada impresión espiritual…”iv  El Comentario Pulpit dice que es “el deterioro gradual de la sensibilidad producida por (pecado habitual)”v.  John Wesley lo comparó con “la borrachera del alma, un fatal entumecimiento del espíritu…”.vi

En resumen, si una persona permanece en pecado por un largo tiempo, puede alcanzar un punto donde ya no va a ser capaz de ser influenciado por el Espíritu Santo.  Se ha vuelto tan endurecido que no escuchará – ni querrá escuchar.  Yo creo que este fenómeno es lo que la Biblia llama apostasía.

¿Cómo puede un hombre saber si ha llegado demasiado lejos? El simple interés sobre tal posibilidad revela el hecho de que todavía hay esperanza para él.  Los apostatas, habiendo perdido todo sentido de moralidad, no tienen ningún interés en tales asuntos.

Sin embargo, cuando un hombre en pecado habitual se arrepiente – reconociendo su culpa y dando pasos para dejar esos pecados atrás – su corazón endurecido comienza a suavizarse y gradualmente comienza a sentir nuevamente la convicción de pecado.  Como decía el escritor del libro de Hebreos, “cuanto mas va a hacer la sangre de Cristo…que  limpia sus conciencias de obras muertas para servir al Dios vivo?” (Hebreos 9:14)

Nadie disfruta el sentimiento de culpabilidad acerca de una mala acción.  Sin embargo, la alternativa es no tener ese sentimiento: no tener la convicción del Espíritu Santo, no tener discernimiento de lo que es bueno o malo, y no tener ese sentimiento de vergüenza acerca de la naturaleza maligna del pecado.  La conciencia humana es verdaderamente un regalo de Dios.  Personalmente, planeo atesorar este regalo a través de mantener un corazón suave y un oído listo para escuchar la voz redarguyente del Espíritu Santo.

Steve Gallagher es el autor de En el Altar de la Idolatría Sexual.

2 responses to “Steve Gallagher: La Cauterización de la Conciencia”

  1. muy bien, me sujeto a mi conciencia, amen

  2. maravilloso este mensaje

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