La base de toda enseñanza efectiva de la Palabra de Dios es su comprensión de esa revelación y su
obediencia a esta. Por tanto, usted debe ser inquebrantablemente fiel a las Escrituras.
Pablo le escribió a Tito diciéndole que fuera “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido ensenada” (Tito 1:9). “Retener” significa “aferrarse o adherirse firmemente a algo o a alguien.” Por tanto, usted debe aferrarse a la Palabra con ferviente devoción y constante solicitud. En una palabra, debe amarla; ella es su alimento espiritual. Usted debe estar “nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina” (1 Ti. 4:6). Eso implica dedicación a la autoridad y suficiencia de la Palabra de Dios como la única fuente de verdad moral y espiritual.
El liderazgo en la iglesia no se logra por las capacidades naturales de una persona, ni por su educación, sentido común o sabiduría humana. Se logra por su conocimiento y comprensión de la Biblia, su consagración a ella y su sumisión al Espíritu Santo, que aplica las verdades de la Palabra de Dios en su corazón y en su vida. El hombre que no se aferre a la palabra de Dios y que no se consagra a vivirla, no está preparado para predicarla y enseñarla. La verdad de la Palabra de Dios debe ser parte intrínseca de su manera de pensar y de vivir. Solo entonces el poder de la integridad del líder causará un impacto en aquellos que ministra.
Quienes pecan de deslealtad a las Escrituras, son en gran parte responsables de la predicación y enseñanza superficial y egocéntrica que está presente hoy en muchas iglesias evangélicas. Esa falta es la verdadera culpable que ha llevado a tantos a convertirse a lo que consideran importante y, por tanto, a predicar una psicología indulgente o un evangelio insípido.
Pero el pastor fiel, como Esdras, tiene “preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para ensenar en Israel sus estatutos y decretos ” (Esdras 7:10). Sabe que la Biblia no es un recurso para establecer la verdad, sino la fuente de verdad divinamente revelada. No es un texto complementario, sino el único texto. Sus verdades no son opcionales, sino obligatorias. El Propósito del pastor no es hacer las Escrituras relevantes en su gente, sino capacitarles para que entiendan la doctrina, que llega a ser el fundamente de su vida espiritual.
El Poder de la Integridad -John F. MacArthur- [pags. 36, 37]

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