Me gusta esta definición de oración que escribiera Juan Bunyan, autor del famoso libro, ya convertido en clásico, El progreso del Peregrino <–—se los dejo aquí por si quieren leerlo-.
He aquí la definición:
“La oración es abrir el corazón o el alma a Dios en una forma sincera, sensible y afectuosa, por medio de Cristo, con la ayuda y en el poder del Espíritu Santo, para cosas como las que Dios ha prometido, o que son conforme a la Palabra de Dios, para el bien de la iglesia, sometiéndonos en fe a la voluntad de Dios”
Juan Bunyan, cárcel de Bedford, 1662.
Otros apuntes acerca de la oración y la manera en como este hombre Dios la practicaba.
La oración sincera
Recuerde, sus oraciones deben siempre abrir sinceramente su corazón o alma a Dios. La sinceridad es una gracia que corre a través de todas las gracias de Dios en nosotros. La sinceridad debería controlar e impregnar todas las acciones de un cristiano. Si sus oraciones no son sinceras, entonces usted no va a tener la aprobación de Dios.
Lo que debe ser cierto en cuanto a las acciones sinceras será igualmente verdad de la oración. David habla de esto cuando menciona sus propias oraciones” “A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió ala voz de mi súplica” (Sal. 66:17-19).
La sinceridad es un elemento crucial en la oración. A menos que seamos sinceros, Dios no va a considerar nuestras palabras como una oración en el mejor sentido:
“Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de tí. Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia. Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro Dios. No ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios tomaré sus nombres”. Salmo 16:2-4
Y Dios también nos dice: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mi, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer . 29:12, 13)
El Señor ha rechazado muchas oraciones por su falta de sinceridad. Dios dijo por medio de los profetas: “Y no clamaron a mí con su corazón”, es decir, con sinceridad, “cuando gritaban sobre sus camas” (Os. 7:14). Sus oraciones eran hipócritas, un espectáculo para que los vieran los demás. Oraban para ser aplaudidos por sus ruidosas oraciones.
Jesucristo elogió a Natanael por su sinceridad cuando estaba sentado bajo la higuera. Leemos: “Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Jn. 1:47). Supongo que este buen hombre estaba abriendo su corazón a Dios en oración debajo de la higuera. Jesús sabía que oraba con un espíritu sincero y genuino delante del Señor. L a sinceridad es uno de los principales ingredientes en la oración que llevan a Dios a escucharla y considerarla. Así pues, “el sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; más la oración de los rectos es su gozo” (Pr. 15:8).
¿Por qué debe ser la sinceridad un elemento esencial de la oración que es aceptable para Dios? porque la sinceridad le lleva a abrir su corazón a Dios con toda sencillez y a hablarle de su situación claramente sin equívocos (evasivas). La sinceridad en la oración estimula su corazón a condenar su pecado sin rodeos, sin ocultar los hechos, intenciones o sentimientos bajo falsas excusas ni disimulos.
Cuando oramos de corazón, clamamos a Dios con ganas sin halagarnos a nosotros mismos o elogiar nuestra justicia. El Señor le declaró al profeta Jeremías:
“Escuchando, he oído a Efraín que se levantaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios. Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y me confundí, porque lleve la afrenta de mi juventud”. (Jer. 31:18-19).
La sinceridad es siempre igual en una persona, ya sea que ore en un rincón a solas o delante de todo el mundo. La sinceridad no sabe cómo llevar dos máscaras diferentes, una para aparentar delante de los demás y otra en un rincón para un momento breve de Dios. Los cristianos sinceros deben tener a Dios. Deben estar con él en lo que ellos conocen como el deber placentero de la oración del corazón.
La oración sincera no es de labios para afuera, porque Dios examina el corazón. La oración del corazón y del alma que Dios reconoce es aquella oración de sus hijos que va acompañada de sinceridad.
Cómo orar en el Espíritu
Juan Bunyan
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