Jeremías no da opción al regateo

«El pecado es el pecado» Jeremías presenta un mensaje aleccionador, tanto para las personas de su época como para las de hoy: Dios está en contra de todo pecado. Su juicio de ira cae sobre las personas y las naciones por ello, sin excepción (Jer 9.25, 26). No importa si uno es judío («circunciso») o gentil («incircunciso»). Ningin grupo queda excluido, nadie tiene privilegios especiales. Como dijo Pablo: «La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres» (Ro 1.18). Todos han pecado y están bajo el juicio de Dios (Ro 3.10-18, 23). Jeremías no da opción al regateo. Dice que Dios castigará a Egipto, Judá, Edom, Amón, Moab y cualquier otra nación, incluso las que viven en los rincones más remotos de la tierra. Esto incluye a las que han existido y a las que vendrán. Aparentemente, el Señor no ve diferencia alguna entre los pecados de Judá y los de Egipto, los de las culturas antiguas y los de las modernas. El pecado es pecado. No los hay buenos. Los de una persona son tan malos como los de otra. Estas son las «malas noticias» que hacen que el mensaje de la obra de Cristo en la cruz traiga buenas nuevas. Dios es tan imparcial en su juicio como en su misericordia y su gracia (Ro 3.29, 30). Advierte que el juicio es para todos, pero también ofrece vida a todos. Nadie puede esconderse de sus ojos que todo lo ven. No obstante, nadie tiene por qué salir perdiendo en su salvación, a no ser que rechace la provisión de Dios: Cristo”.

Ronald B. Allen

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