En proceso de aprendizaje 

  «Cuando se quedó solo, sus seguidores junto con los doce, le preguntaban sobre las parábolas». — Marcos 4.10 (LBLA)

Christopher Shaw

¿Ha reparado alguna vez en cuántas veces se repite en los evangelios esta escena? Jesús enseñaba a las multitudes. Los discípulos, quienes estaban entre los espectadores, recibían también la enseñanza del Maestro, pero no siempre entendían cuál era el sentido de eso que habían escuchado. Entonces, esperando el momento para estar a solas, se le acercaban y le pedían una aclaración, una explicación, o le compartían sus dudas.

De esta escena, repetida tantas veces a lo largo de los tres años que compartió con ellos, se desprenden dos importantes principios para el líder que tiene un ministerio de enseñanza. En primer lugar, usted no debe dar por sentado que lo que ha sido claro para usted, en el razonamiento y las explicaciones que ha compartido, es también de esta manera para sus oyentes. Cada persona escucha y analiza lo que se le dice a través de su propia cultura personal. Por otro lado, en el proceso de comunicación, siempre se pierde algo. De manera que aquella idea que le parecía tan fácil y sencilla a usted, puede haber llegado en forma confusa y compleja a los que le escuchaban. No asuma que lo que usted enseña o predica es claro para todos sus oyentes.

En segundo lugar, el maestro sabio entiende que la enseñanza es un proceso. La verdad se va «encarnando» en aquellos que la escuchan. A veces, la reacción inicial de sus oyentes puede incluso ser hostil, pero la Palabra va trabajando lentamente y echando raíces en la persona que la ha recibido. De esta forma, sería más correcto decir que la enseñanza es un proceso y no un evento. A medida que una persona tiene tiempo para meditar sobre las verdades que ha escuchado irá arribando a las conclusiones que abrirán la puerta a un verdadero cambio.

Al entender esta realidad, el buen líder provee oportunidades para que sus más íntimos colaboradores puedan acercarse para buscar aclaraciones, hacer preguntas, o simplemente compartir de que manera han sido tocados por la Palabra. Esta es una parte fundamental del proceso de aprendizaje, y el líder que se apoya solamente en las reuniones formales para llevar adelante el ministerio de formar al pueblo va a encontrar que su efectividad no es muy alta. Es más, el buen maestro entiende que esos momentos informales donde la conversación simplemente «se da» son muchas veces las ocasiones en las cuales ocurre la enseñanza que más impacta la vida de otros.

Para pensar:

Piense un momento en su propio estilo de enseñanza. ¿Confía demasiado en la enseñanza de «micrófono»? ¿Dirían sus colaboradores más íntimos que es usted una persona accesible? ¿Qué cosas puede hacer para asegurarse que la gente realmente está entendiendo lo que comparte con ellos? ¿Cómo puede crear en su ministerio más momentos informales como los que vemos ilustrados en el pasaje de hoy?

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