¡Nada difícil!

  
«Este mandamiento que yo te ordeno hoy no es muy difícil para ti, ni fuera de tu alcance… Pues la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la guardes». Deuteronomio 30.11, 14 (LBLA)

Por Christopher Shaw

Si entramos a cualquier librería cristiana encontraremos muchas obras acerca de los diferentes aspectos de la vida espiritual. Muchas de ellas nos ofrecen la receta que promete destrabar la bendición del Señor en nuestras vidas. Uno podría pensar, frente a tanta literatura, que es la falta de entendimiento de los hijos de Dios acerca de la vida cristiana la que ha dado lugar a esta increíble proliferación de libros. Compare esa montaña de información con lo sencillo del texto que hoy forma parte de nuestro devocional. ¡Qué increíble diferencia!, ¿verdad? Pareciera que tanta literatura a veces nos distrae de la verdadera sencillez que encierra el proyecto Divino para nuestras vidas.

No me malinterprete. No estoy diciendo que los libros no sirven, ni tampoco que la labor de un autor es en vano. Yo mismo soy amante de los buenos libros y procuro mantener alimentado mi hábito de leer buena literatura. El punto es este: la abundancia de recursos escritos no debe intimidarnos, ni llevarnos a pensar que la vida espiritual es un asunto extremadamente complejo. Más bien, el requisito para vivir en Cristo es un tema sumamente sencillo y puede resumirse en una sola palabra: obediencia.

Piense en lo que Dios le estaba diciendo al pueblo que salía de los cuarenta años en el desierto. La palabra que él traía a sus vidas no era una palabra demasiado complicada, ni muy difícil de practicar. Estaba al alcance de todos aquellos que deseaban vivir una vida agradable para Jehová. La dificultad no radicaba en lo complejo de la Palabra. Al contrario, se tornó complicada por las rebuscadas explicaciones que quisieron darle los supuestos intérpretes de la ley. La dificultad, más bien, radicaba en otro lugar totalmente diferente: la obstinada resistencia del espíritu humano a recibir órdenes de los demás.

Pero el Señor revelaba al pueblo que la Palabra siempre iba a estar cerca de ellos, en sus bocas y en sus corazones. Es decir, por medio del accionar del Espíritu iban a poder guardar en sus espíritus toda la verdad que necesitaban para vivir vidas santas. Observe que Dios hace esta afirmación a un pueblo que no poseía ni libros, ni Biblias. Mas la ausencia de la palabra escrita no iba a convertirse en un impedimento para una vida de obediencia. Nadie iba a poder aducir ignorancia de los designios del Altísimo, porque el mismo Señor iba a encargarse de que la Palabra estuviera bien cerca de cada uno de ellos.

El pasaje revela, una vez más, el corazón increíblemente bondadoso de nuestro Dios. Él está mucho más interesado que cualquiera de nosotros en que vivamos una vida que le agrada. Para esto ha hecho amplia provisión para nosotros, poniendo la Palabra al alcance de todos los que le aman la verdad. Además, a esta generación ha dejado la ayuda del Espíritu, que nos recuerda a cada paso los mandamientos de nuestro Padre celestial. ¡Cómo no vivir una vida de victoria!

Para pensar:

«Un acto de obediencia vale mil sermones». D. Bonhoeffer.

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