El valle de lágrimas 

  ¡Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos! Atravesando el valle de lágrimas, lo cambian en fuente cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sión. Salmo 84.5–7

Por Christopher Shaw

¡Qué refrescante es volver periódicamente a los salmos para leer las luchas, las victorias y las derrotas de quienes nos han precedido en el camino de la fe! Su contenido es de especial bendición para nosotros porque captan los sentimientos más complejos del ser humano, los mismos que a veces nosotros no sabemos identificar. Estos cantos del alma nos dejan con la certeza de que muchos otros han transitado por las mismas experiencias nuestras. <!–more–>

En el texto de hoy el salmista describe la ventaja que tiene el hombre que se ha refugiado en el Señor, que ha hecho de Jehová su fortaleza. Esta persona enfrenta las mismas dificultades que el resto de las personas a su alrededor. Experimentan adversidades, injusticias, opresión y pruebas personales. El secreto de la manera en que triunfan en la vida no está en sus circunstancias, sino en lo avanzado de su propio desarrollo espiritual. Poseen una plenitud de vida interior que les permite mirar la vida con ojos enteramente diferentes a los demás. Ellos no solamente salen airosos de situaciones que desconciertan y desaniman a otros, sino que las transforman.

El valle de lágrimas al que se refiere el salmista es un lugar de tribulación y angustia, donde la sequía atenta contra la vida. No obstante, la persona que ha hecho de Jehová su fuerza, en cuyo corazón están los caminos del Señor, pasa por este lugar de muerte y trae consigo bendición. Donde no existe esperanza trae buenas nuevas. Donde hay tristeza, imparte gozo. Donde hay maldición, extiende bendición.

Esto no es otra cosa que la manifestación de la obra de Dios en la vida de la persona. El Señor no solamente bendice al que se entrega a él, sino que lo convierte en instrumento de bendición hacia los demás, completando así el círculo de vida. Por esta razón el salmista declara, confiado, que tales personas «irán de poder en poder». Es decir, la vida para ellos será de gloria en gloria, aun en las circunstancias más oscuras. La victoria que experimentan a diario es la manifestación de una realidad instalada en lo más profundo de sus corazones y no existe situación alguna que la pueda alterar.

¿A qué se refiere el salmista cuando dice que esta persona tiene sus fuerzas en Dios? La frase «en cuyo corazón están tus caminos» nos ofrece una buena pista. Esta es una persona cuyo deleite es la ley de Jehová, que tiene convicción de que la única vida posible es la que el Señor propone. No transita por la vida pidiendo a Dios que bendiga sus propios planes y proyectos, sino que a cada paso busca actuar conforme a las específicas instrucciones que recibe de lo alto. Es un hombre que tiene una sana desconfianza de su propia sabiduría. Sabe que aun cuando el camino a seguir parece obvio siempre conviene buscar el rostro de Dios.

Para pensar:

«Mas los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán» (Is 40.31).

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