Intimidad con el Padre

  «De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente, porque el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él hace». — Juan 5.19–20

Por Christopher Shaw

Este texto, del Evangelio según Juan, nos explica claramente la razón por la cual el ministerio de Jesucristo fue tan exitoso. Por esto, cuando le llegó la hora de marchar hacia la cruz, Cristo pudo declarar que había completado la obra que se le había entregado -lo cual no es lo mismo que decir que había hecho todo lo que podía. El secreto de haber concluido exitosamente su ministerio se encuentra en esa absoluta unidad que sostenía con el Padre, y describe el texto de hoy.

Podemos notar, primeramente, que el Hijo no emprendía proyectos por cuenta propia, sino que se unía a las empresas del Padre. Este punto es absolutamente clave para cualquier persona que está en el ministerio. Por supuesto, lo más fácil es elaborar un proyecto para glorificar al Padre y simplemente pedirle a él que lo bendiga. No obstante, los proyectos que avanzan son aquellos que coinciden plenamente con lo que el Padre está haciendo en el lugar donde nos encontramos. La verdad es que no tenemos capacidad, en nosotros mismos, de discernir las intenciones ni los pensamientos de nuestro Padre celestial. Si él no los revela, estamos condenados a trabajar a oscuras. El conocimiento de su voluntad, por lo tanto, se constituye en una pieza fundamental para construir un ministerio que goza del pleno apoyo de Dios.

La segunda parte del texto nos permite ver cómo Jesús lograba este conocimiento. El Padre, por el amor que lo unía al Hijo, le revelaba sus proyectos. Es decir, la calidad de relación que disfrutaban entre sí, llevaba a que, de manera natural, el Padre hiciera al Hijo partícipe de las intimidades de su corazón. El amor que el Padre tiene por el Hijo se basa, a la vez, en que Jesús vive una vida de sumisión absoluta a Dios.

¿Cómo afecta esta relación nuestros propios ministerios? No podremos avanzar con éxito si no estamos plenamente plantados en los proyectos de Dios. Para esto, necesitamos que el Padre nos revele su corazón. Solamente lo hará con aquellos que demuestran su amor y compromiso incondicional a él. Es decir, esta revelación no es tanto el fruto de una búsqueda en oración -aunque esto también es parte de nuestra relación con él- sino el resultado de la intimidad común entre dos seres que se aman.

Lo que debe alegrar inmensamente nuestros corazones, como líderes, es que esta intimidad está disponible para todos los que quieren alcanzarla. Jesús le dijo a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él» (Jn 14.21).

Para pensar:

«Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he dado a conocer». Jesús de Nazaret.

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