Ambición espiritual 

  
«Jonatán hijo de Saúl se levantó y vino adonde estaba David, en Hores, y lo reconfortó en Dios diciéndole: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Hasta mi padre Saúl lo sabe. Ambos hicieron un pacto delante de Jehová; David se quedó en Hores y Jonatán se volvió a su casa». — 1 Samuel 23.16–18 


Por Christopher Shaw

El pasaje de hoy se nos presenta con un atractivo cuadro de las dimensiones que puede alcanzar una amistad cultivada dentro de los principios espirituales que deben guiar la vida de aquellos que aman a Dios. Para entender la profundidad de las palabras de Jonatán es necesario que conozcamos el contexto en que fueron pronunciadas.

No podemos saber con certeza cuánto tiempo había transcurrido luego de la brecha que se había producido entre David y Saúl. El hecho es que el pastor de Belén ya no vivía en el palacio del rey, como había acontecido en los primeros días después de su victoria sobre Goliat. La envidia de Saúl le había llevado a una postura cada vez más hostil hacia el joven, quien había huido de la presencia del rey. La injusticia de su situación prontamente sirvió para que otros perseguidos se unieran a él y se formara una banda de unos cuatrocientos hombres. El historiador nos dice que en este tiempo «David se quedó en el desierto, en lugares fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif. Lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos» (1 S 23.14).

En este momento de futuro incierto para David llegó Jonatán, buscando ofrecer apoyo al amigo con el que ya no podía ser visto en público. Note usted la frase que escoge el autor para describir el proceder de Jonatán: lo reconfortó en Dios. Esto describe un proceso por el cual una persona, sensible a la dirección del Espíritu, es usada para fortalecer el ánimo de otro.

¿Qué ingredientes conforman este proceso de ministrar espiritualmente a alguien? Primeramente, la disposición de llegar a la persona afligida en el momento oportuno. En segundo lugar, la voluntad de decir algo, si es que el Señor así lo indica. En tercer lugar, la sensibilidad para decir lo que Dios quiere decir y no lo primero que se nos viene a la mente. Es en este punto que la mayoría de nosotros fallamos en ser verdaderos instrumentos en las manos del Señor, pues intentamos consolar con palabras que no solamente son humanas, sino que se hablan a destiempo.

Observe, también, el contenido de las palabras de ánimo que habló Jonatán. Vemos en ella la verdadera grandeza de este varón cuyo destino original había sido heredar el trono de su padre. Mas ahora entendía que Dios había levantado a otro y estaba dispuesto a ubicarse bajo su liderazgo, como seguidor. Son pocos los hombres que consiguen renunciar tan desinteresadamente a un futuro prometedor, a fin de promocionar la vida de la persona que los ha reemplazado. Esta es la cara más preciosa del amor, cuando deseamos que aquellos a quienes amamos les vaya mejor en la vida que a nosotros.

 Para pensar:

«En la amistad convive un alma en dos cuerpos diferentes». R. Sibbes.

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