Historia Sagrada: Cultivando la Disciplina Espiritual de La Perseverancia

Matrimonio Sagrado 

Que el Señor nos lleve a amar como Dios ama, y a Perseverar como Cristo perseveró 2Tes. 3:5

Piensa en la relación de Dios con su pueblo. Había tiempos de gran gozo y celebración, otros de Frustración e ira, infidelidad y apostasía, y temporadas insoportables de silencio. ¿Se parece a alguna relación que conoces? ¿Tu matrimonio, quizás?

Vista desde esta perspectiva, la relación matrimonial nos permite identificarnos con Dios en Su relación con Israel. ¿Ha pasado tu matrimonio por periodos de gran gozo y celebración? Dios entiende y regocija contigo. ¿Has experimentado la traición desgarradora que es el adulterio? ¿O la frustración del silencio sombrío? Si es así, no estás solo.

 Una característica mantiene la historia de Dios e Israel unida—perseverancia. Cuando Israel le dio la espalda a Dios, Dios no se la dio a Israel. Podría distanciarse por un tiempo, sin embargo su compromiso seguía firme.

Me identifico especialmente con los 400 años de silencios en la relación de Dios con Su pueblo, que ocurrió entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Muchas veces nuestros matrimonios no son ni buenos ni malos—simplemente son. La rutina y el pasar lo mismo siempre nos cansan. Podemos llegar a estar entumidos el uno hacia el otro.

Sin embargo, estar casados hasta 60 años el uno con el otro ofrece excelentes oportunidades para el crecimiento espiritual. El matrimonio nos ayuda a desarrollar el carácter de Dios mientras perseveramos con nuestros cónyuges en los tiempos buenos y los tiempos malos. De cada boda nace una nueva historia. El significado espiritual del matrimonio se encuentra en mantener esta historia unida. De hecho, algunos dicen que se requieren como 9 a 14 años para que un matrimonio se forme bien. Me entristece saber de parejas que se divorcian después de sólo 3 o 4 años, porque realmente ni siquiera han sabido qué es el matrimonio. Es como subir una montaña sólo hasta la mitad de la altura, nunca alcanzando la vista panorámica de la cima. Estás en la lucha, pero todavía no has experimentado el premio. Llegar a ser uno, en el sentido más profundo de la palabra, requiere tiempo. Creo que se requiere por lo menos una década para que el sentido de intimidad se muestre en el matrimonio.

La Disciplina Espiritual de La Perseverancia

 Vivimos en una nación de gente que claudica. Los empleados dejan sus trabajos cuando los encuentran difíciles. Los feligreses regularmente dejan una iglesia y se unen con otra por la más mínima provocación. La Biblia advierte que unos rendirán su fe (1Tim. 4:1).

 Jesús habla de la tentación de abandonar la fe en la parábola del sembrador. Aquellos a quienes Jesús alabó eran los que “oyen la Palabra… la retienen; y como perseveran, producen una buena cosecha.”

La espiritualidad Cristiana verdadera siempre ha enfatizado la perseverancia: Él dará vida eterna los que, perseverando en las buenas obras, buscan gloria, honor, e inmortalidad. Pero los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad, recibirán el gran castigo de Dios” (Ro. 2:7-8, itálicas agregadas). 

La justicia—la verdadera santidad—se ve sobre el transcurso del tiempo en nuestra persistencia. Es relativamente fácil coquetear con la santidad— demostrando cortesía a otros chóferes (si acaso te encuentras en buen estado de humor), ayudando a alguien a llevar un bulto (si tienes tiempo), dando unos pesos más como ofrenda (dado que no te harán falta) Pero esta justicia es realmente sólo superficial. La justicia que Dios quiere es justicia persistente, un compromiso a continuar haciendo las decisiones correctas aun cuando te sientes jalado en la dirección opuesta. La santidad es mucho más que solo la inclinación hacia los hechos de bondad y caridad ocasionales. Es un compromiso a persistir en rendirse ante Dios.

 Los casados que se encuentran “enamorándose” de otro continuamente tendrán que tomar la decisión de no actuar impropiamente y de guardar su lengua. Se requerirá mucho más que una decisión hecha una sola vez de mantener su integridad; tendrán que perseverar en la santidad.

Algunas etapas en el matrimonio son más difíciles que otras. Ciertamente, criar hijos pequeños presenta un gran reto para cultivar la intimidad.  La vida nos presenta algunas temporadas que simplemente tienen que ser aguantadas. Hay momentos milagrosos en criar a los niños, pero otras cosas—como tiempo sólo como pareja— necesariamente sufren durante esta etapa. Esmeramente una estación en la vida, así que es necio dejar de perseverar en un tiempo cuando cualquier matrimonio tendría que adaptarse y evaluar de nuevo las expectativas que tienen.

¿Qué nos da el poder de persistir en hacer lo bueno? Pablo dice que en nuestra persistencia buscamos “gloria, honor, e inmortalidad” (Ro. 2:7).  Esas palabras señalan la vida porvenir.

La persistencia no tiene sentido a menos que vivimos con un aprecio agudo de la eternidad.

 Alguien que está luchando con sentimientos de infatuación para otro que no es su cónyuge puede tener que hacer una decisión que a corto plazo le podría hacer menos feliz y traerle menos placer, aunque a largo plazo, le llenaría más.

La perseverancia Cristiana se basa en la creencia que hay otra vida, en el cielo, la cual es eterna y para la cual esta vida es un preparativo. El mundo porvenir es tan glorioso y de tanto honor que vale la pena hacer sacrificios ahora para recibir la gloria, honra, e inmortalidad allá.

¿Alrededor de cuál mundo está centrada tu vida? Tu matrimonio revela la respuesta a esta pregunta. Si tenemos una perspectiva eterna, entonces tiene más sentido prepararnos para la eternidad por medio de aguantar un matrimonio difícil en lugar de destruir a la familia sólo para lograr un alivio instantáneo. La mayoría de los divorcios representan personas huyendo de unos años difíciles, y descartando la gloria y honra eternas. ¡Es un intercambio horrible!

2 Tes. 3:5 dice “Que el Señor nos lleve a amar como Dios ama, y a perseverar como Cristo perseveró.” Eso es lo que quiero que llene mi corazón: el amor de Dios y la perseverancia de Cristo.  La alternativa se explica en Romanos 2. En lugar de los premios celestiales, algunos recibirán el enojo y la ira, o “el gran castigo de Dios.” ¿Quiénes son? “Los que por egoísmo rechazan la verdad para aferrarse a la maldad” (v.8) ¿Qué es más egoísta que ignorar lo que es mejor para tus hijos—un hogar intacto y de paz—y dejar a tu cónyuge porque estás cansado de él o ella? También reciben la ira de Dios los que rechazan la verdad. Se habla de la verdad de salvación, pero también hay la verdad de la voluntad de Dios y sus leyes.

La mayoría sabemos que Dios odia el divorcio porque las Escrituras lo dicen explícitamente (Mal. 2:16) Jesús desarrollo este principio más, diciendo, “excepto en el caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a  cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también” (Mat. 5:32). La única razón para la que Dios hizo provisión para el divorcio en el AT, enseñó Jesús, es porque estaba tratando con corazones duros (Mat. 19:8-9). Esto, amigos, es la verdad. Rechazarla es arriesgar incurrir la ira del Señor, como Pablo advierte en Ro.2.

Construir una sagrada historia junta nos enseña a persistir en hacer lo bueno, inclusive cuando queremos hacer otra cosa. Este compromiso a la perseverancia nos enseña la disciplina Cristiana básica de la auto negación.

 Si no crees en el cielo, el divorcio puede tener razón. Pero en vista de la eternidad, el costo del divorcio es demasiado alto.

 El Ideal

 El divorcio es un fracaso—respecto al amor, el perdón, la paciencia, o por lo menos el resultado de hacer una mala decisión de con quién casarse.

 Si estás leyendo esto después de haberte divorciado, no tiene caso obsesionarte acerca de algo que no puedes deshacer. Para esto, hay perdón y gracia, y un nuevo comienzo. 

 A veces el divorcio es una opción permitida: la excepción para la infidelidad mencionada en Mat. 19:9 y para un creyente casado con un inconverso que rehúsa quedarse en el matrimonio (1Co. 7:15).

 Los casados entienden cuán difícil puede ser el matrimonio, y como, aun entre creyentes, las tensiones y las heridas pueden ser tan serias que la reconciliación requeriría más energía de la que jamás podrían imaginar tener. En muchos casos Dios proveerá la energía, pero a veces las personas no quieren recibirla.

 Antes que un divorcio sea finalizado, usualmente yo les animo a aguantar el dolor y tratar de crecer en medio y por medio de ello. La felicidad puede ser elusiva, pero la madurez espiritual no lo es—y el carácter importa más que el estado emocional. Un matrimonio intacto es un ideal por el cual vale la pena luchar.  Pero esto no quiere decir que debemos tratar a los divorciados como cristianos de segunda clase. Jesús habló de ideales altos y absolutos—sin embargo amaba a la gente con aceptación y gracia.

Una historia quebrantada: Leslie   

 Un día, sin previo aviso, Tim, el esposo de Leslie le dijo “Te estoy dejando.” La amargura la acechaba, pero Leslie luchaba contra ella. Dios empezó a mostrarle algunas de sus propias fallas—el sentido de auto justicia en su trato de su esposo y cómo exigía mucho de él y de ella misma. Por primera vez, ella pudo ver las cadenas del perfeccionismo que le habían atado por tantos años. Se acordó de cómo había reaccionado como ofendida cuando su pastor hablaba del pecado en la vida de ella. “Vi que no había nada de gracia ni misericordia en mi vida Cristiana,” admitió. Pasaron meses, luego años. Sin embargo, aunque Tim tenía una novia, Leslie rehusaba salir con otros varones o dejar de ponerse su anillo de boda. “El anillo ya no significaba mi amor para Tim. Ese amor estaba muerto. Representaba mi compromiso con el Señor, delante de Quien dije ‘hasta que la muerte nos separe…’” Hasta el día en que Tim se casó de nuevo, Leslie llevaba puesto su anillo y oraba por una reconciliación. Por medio de permanecer fiel en medio de la infidelidad, sus ojos fueron abiertos a la presencia de Dios en nuevas maneras. Apreció más la fidelidad de Dios a pesar de la infidelidad de Israel. Entendió mejor el amor incondicional que el pacto representa. Esto es uno de los mensajes claves de este libro. Aun la traición, la infidelidad y el divorcio forzado pueden ser usados para nuestro beneficio espiritual.

 El esposo divino

 Ahora Leslie dice, “Dios es el esposo perfecto. Ha satisfecho mis necesidades aun antes de que yo las supiera. A través de la pérdida de mi marido terrenal, me he acercado a mi marido celestial. Él es mi Esposo, mi proveedor, mi sustentador.”

Hablé con Leslie 2 semanas antes de la boda de Tim. “Dios todavía puede restaurar mi matrimonio, “dijo. Pero aun si no lo hace, todavía Él es Dios.” Con lágrimas en sus ojos agregó, “Este ha sido un tiempo tan rico espiritualmente que no lo cambiaría por nada.”

 “Piénsalo, Leslie. ¿Realmente quieres decir eso?” pregunté.

 “De todo corazón,” contestó. “Ha cambiado mi vida profundamente. Claro que no estoy feliz de que mi matrimonio terminó, pero estoy contenta por el fruto que resultó.”

 Una bendición adicional fue que dos años después de que Tim la dejó, el padre de Leslie le habló y dijo, “He visto lo que has sufrido. He visto cómo has reaccionado, y yo quiero lo que tú tienes.” A la edad de sesenta y dos, él se arrodilló y oró para recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador. Por medio de permanecer fiel a un esposo infiel, Leslie había demostrado la verdad de un Dios que permanece fiel a un pueblo infiel. Su padre había oído el evangelio muchas veces. Pero no fue hasta que lo vio manifestado en la vida de Leslie que lo quiso para sí mismo. Siempre estamos viendo lo malo de nuestros cónyuges, pero Dios quiere tratar con nuestros corazones primero.

Tu historia

Si en serio queremos procurar el crecimiento espiritual a través del matrimonio, tenemos que resistirnos a hacer la pregunta espiritualmente peligrosa, ¿Me casé con la persona “correcta”? Una vez que los votos sean hechos, no hay mucha ganancia espiritual en hacer esa pregunta. Es mucho mejor aprender a vivir con nuestra decisión, porque al fin, no importa si te has casado con la persona “correcta.” [Dado que ya es la voluntad de Dios que permanezca casados, en este sentido el cónyuge ahora es la persona correcta.] Además, sobre el transcurso de los años los cónyuges llegan a conocerse tanto como se conocen a sí mismos, y él o ella llegan a ser la persona “correcta” en el sentido de la experiencia también.

 Aprendiendo a apreciar nuestra historia sagrada con Lisa ha sido una práctica significativa espiritualmente. Juntos hemos creado una historia que es enriquecedora y llena de pasión. Es verdad que hemos tenido que pasar por unos valles para llegar a dónde estamos. Pero a pesar de las dificultades, ha valido la pena.

El autor popular Jerry Jenkins nos anima a gozarnos en nuestra propia historia matrimonial: Cuenta tu historia (matrimonial). Cuéntala a tus hijos, tus amigos, tus hermanos, pero especialmente el uno al otro. Mientras más esté impresa en tu cerebro, más te servirá como una barrera contra las muchas fuerzas que quieren destruir tu matrimonio. Haz tu historia tan familiar que llegue a ser parte de la tela de tu ser. Debe llegar a ser una leyenda compartida tras generaciones mientras crece un árbol familiar que se jacta de matrimonio tras matrimonio caracterizado por estabilidad, fuerza, y longevidad. 1

1 Jerry Jenkins, Hedges: Living Your Marriage enough tot Protect  t (Brentwood, Tenn.: Wolgemuth and Hyatt, 1989), 142.

Pueden ser de su interés los siguientes enlaces:

La limpieza del Matrimonio: Cómo el matrimonio pone al descubierto nuestro pecado

El Matrimonio, el ministerio principal

La Trampa del Romanticismo

Encontrando a Dios en el Matrimonio

Honor Santo: El matrimonio nos ensena a respetar a otros

El Matrimonio nos ensena a amar

Matrimonio, oracion y…

Tomado de: Matrimonio Sagrado por Gary Thomas

Publicado por: Lumbrera 02/23/2011 2:37 PM

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