¡Tú eres lo que importa!

“Espejito, espejito ¿quién es la más linda de todas?


No nos concentramos con ser el centro de nuestro propio universo.  Queremos serlo también para el resto del mundo, incluso Dios.  Cada vez que alguien no se inclina ante nosotros ni se afana por buscar nuestra felicidad y suplir nuestras necesidades, nos sentimos agraviados y buscamos otras maneras de cumplir con nuestra agenda egocéntrica.

Tal vez pienses que la iglesia sea el lugar en el que Dios, y no las personas, es el centro de todo.  Sin embargo, esto no es cierto.  En su libro titulado “Encontrar a Dios”, el doctor Larry Crabb analiza con detenimiento el extremo al cual ha llegado la iglesia evangélica al caer en este engaño:

“Ayudar a que las personas se sientan amadas y dignas se ha convertido en la misión central de la iglesia. En vez de ejercitarnos en la adoración a Dios mediante la negación a sí mismo y el servicio sacrificado, aprendemos a consentir nuestro niño interior, sanar nuestros recuerdos, vencer las adicciones, salir de la depresión, mejorar nuestra autoestima, establecer límites de protección personal, sustituir el odio por el amor propio, y la vergüenza con la aceptación categórica de lo que somos.

Superar el sufrimiento se ha convertido en una actividad que concentra cada vez más la energía de la iglesia. Y eso es preocupante…Nos hemos dedicado a aliviar el dolor que resulta de nuestras dificultades en vez de emplear ese sufrimiento para luchar con mayor ahínco por lograr el carácter y propósito de Dios.  Sentirse mejor se ha vuelto más importante que encontrar a Dios…

Como resultado, insistimos en ideas bíblicas que nos ayudan a sentirnos amados y obviamos pasajes de las Escrituras cuyo propósito es lanzarnos un llamado más elevado. Usamos según nuestra conveniencia las maravillosas verdades de la aceptación de Dios, su amor redentor, y nuestra nueva identidad en Cristo para honrarnos a nosotros mismos en vez de buscar lo que son en realidad: La grandiosa revelación de un Dios lleno de gracia que está dispuesto a amar a quienes lo odian, un Dios digno de ser honrado por

encima de todo y de todos.

Hemos acomodado las cosas de tal forma que ahora Dios es digno de honra porque nos ha honrado.  Clamamos “digno es el cordero” no como respuesta a su gracia sublime, sino porque ha restituido lo que más valoramos: La capacidad de agradarnos a nosotros mismos. Ahora somos más importantes que Dios”.

El apóstol Pablo comprendió que Dios no existe por nosotros, sino que nosotros existimos por Él:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.  Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;  y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia”.

Colosenses 1:16-18

Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres [pags 208-209], Énfasis mío.

Nancy Leigh DeMoss citando al Dr.  Larry Crabb

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