John MacArthur: El Espíritu Santo NO ES un charlatán

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«El “Espíritu Santo” que se encuentra en la gran mayoría de la enseñanza y la práctica carismáticas no tiene semejanza alguna con el verdadero Espíritu de Dios revelado en las Escrituras. El espíritu Santo real no es una corriente electrizante de energía estática, un charlatán

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En Defensa De La Integridad

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Por John MacArthur

Charles Haddon Spurgeon, el talentoso predicador londinense del siglo 19, dijo en uno de sus últimos sermones: “Creo que, si pudiera vivir mil vidas, me gustaría vivirlas todas por Cristo, y aun entonces sentiría que todas ellas serian demasiado poco para corresponder a su gran amor por mi” (Citado por Iain Murray, The Forgotten Spurgeon [El Spurgeon Olvidado], 2ª. Ed. [Edinburgh: Banner of The Truth, 1973], 20),

Spurgeon fue un pastor y un líder cristiano que amó ostensiblemente al Señor y que defendió su causa con integridad.  Ese hecho nunca quedó ilustrado con más claridad que durante los últimos años de la década de los 1880, unos pocos años antes de su muerte.  Eso fue cuando era una figura central en una gran controversia eclesiástica británica conocida como Controversia sobre la Declinación.  Ese debate doctrinal empezó dentro de las iglesias protestantes de Inglaterra (más notablemente en la Unión Bautista) cuando Spurgeon ya no pudo evitar  más criticar la alarmante desviación de la iglesia de la sana doctrina y práctica.  Muchas iglesias y sus pastores, que antes habían sido firmemente conservadores y evangélicos, se hicieron más tolerantes de teorías que socavaban la autoridad de las Escrituras y su perseverancia del hombre.  Spurgeon también observó una desviación de las grandes doctrinas de la Reforma y del exacto papel jugado por la gracia soberana de Dios en la salvación.  Desde su púlpito y desde las páginas de su revista, The Sword and the Trowel [La Espada y la Paleta], Spurgeon defendió valiente y firmemente e instó al creyente común a resistir las enseñanzas falsas y a mantenerse firme en los fundamentos del cristianismo.

Con todo, la marea de declinación doctrinal entre las iglesias de la época Charles Spurgeon continuó, por lo que se vio obligado, por su conciencia justa, a abandonar la Unión Bautista.  Poco después de su muerte, ocurrida en la década de los 1890, algunos de los partidarios de Spurgeon formaron una nueva sociedad llamada la Liga Bíblica, para continuar la batalla por la pureza doctrinal  y por la ortodoxia práctica entre las iglesias evangélicas.  Durante los meses que duró la polémica, Spurgeon recibió duras críticas de sus opositores, pero nunca vaciló en su defensa de la  verdad.  El siguiente fragmento, predicado durante la Controversia sobre la Declinación en un sermón titulado “Something Done For Jesus”   [Algo Hecho Por Jesús], revela la verdadera naturaleza de los justos motivos y de la característica integridad de Spurgeon:

“Amados a nuestros hermanos por el amor a Jesucristo, pero Él es el jefe entre diez mil, y el amadísimo.  No podríamos vivir sin Él.  Disfrutar su compañía es nuestra dicha; el ocultamiento de su rostro de nosotros es la medianoche de nuestra aflicción… ¡Oh, el poder vivir, morir, trabajar, y sufrir solo por Él!… Si una acción hecha por Cristo te trae descredito y amenaza con privarte de ser útil, hazla de todos modos.  Yo considero mi propio carácter, mi popularidad y mi utilidad como nimios en comparación con la lealtad al Señor Jesucristo.  Es la lógica del diablo la que dice: “Ves que no puedo pronunciarme y declarar la verdad porque tengo una esfera de utilidad que mantengo contemporizando con lo que temo pueda ser faso.” Ay, señores, ¿Qué nos importan las consecuencias? Que los cielos caigan sobre nosotros, pero que el hombre bueno obedezca a su Maestro y sea fiel a su verdad.  Oh, hombre de Dios, ¡Sé  justo y no temas!  Las consecuencias son de Dios y no tuyas.  Si has hecho una buena obra por Cristo, aunque parezca a tus pobres y empañados ojos como si un gran mal hubiera venido de ella, aunque tú lo hayas hecho, Cristo lo ha aceptado y lo anotará, y en tu conciencia Él te sonreirá dando su aprobación. (Citado en ‘The Forgotten Spurgeon’ [El Spurgeon Olvidado], p. 205.

Tomado del libro:  El Poder de La Integridad, pags. 79-80 por John MacArthur